Abróchense los cinturones del teletransporte: este viaje comienza en el volcán Fagradalsfjall, 2021. Destino: 63.895°N, 22.258°W
Ya lo habíamos adelantado anteriormente, en plena pandemia Islandia comenzó a temblar y escupir fuego. No es casualidad que “tierra de hielo y fuego” sea el eslogan favorito de las guías de viaje. Y aunque Lonely Planet nos ha hecho soñar mucho, cuando el cielo se ilumina de rojo intenso y la tierra ruge no hay texto que te sacuda de pies a cabeza.
LA ERUPCIÓN DE FAGRADALSFJALL: CÓMO EMPEZÓ TODO
La península de Reykjanes comenzó a atraer visitantes. Fue una erupción recreativa, muy accesible, podía verse de cerca sin demasiado riesgo. Este fue nuestro caldo de cultivo: nuestra mente creó un nuevo hueco para soñar con un nuevo viaje a Islandia y ver el volcán en erupción. Nuestro objetivo siempre fue el volcán, pero manejar las expectativas puede ser complicado especialmente si no vives allí, hay que hacer cuarentena, algo puede salir mal por el resultado de los test y ciao bacalao.
Vamos a contarte cómo poder vivir una experiencia como esta, lo que aprendimos como viajeros y de los propios islandeses durante el tiempo que estuvo activo. Avanzo que para nosotros ha sido algo inolvidable, no solo la experiencia de sentarte frente al volcán sino por toda la documentación, la búsqueda de información, mapas, sesiones didácticas de científicos y montañeros. ¡Arrancamos!

Contexto histórico: islandia y sus volcanes
Islandia es un auténtico laboratorio natural de volcanes, y varias de sus erupciones han marcado la historia, no solo del país, sino también del mundo. Estamos seguros de que recuerdas alguna de ellas porque nos afectó de diversas formas.
- Supongo que esta no es la erupción que recordarás pero en 1783, el Laki liberó tanta lava y gases tóxicos durante 8 meses que el 20% de los islandeses murieron, mientras en Europa las malas cosechas empujaban hacia la crisis previa a la Revolución Francesa. Más de un siglo después, en 1875, el Askja cubrió de ceniza no solo el noreste de la isla, sino también Escandinavia, forzando a miles de islandeses a dejar su hogar rumbo a Canadá.
- En 1973, el Eldfell despertó de golpe y arrasó la isla de Heimaey, enterrando casas bajo la lava. Sus habitantes no se rindieron: arrojaron agua de mar día y noche hasta desviar el flujo y salvar el puerto, que hoy sigue siendo el corazón de la isla.
- Y cómo olvidar al impronunciable Eyjafjallajökull, que en 2010 paralizó el tráfico aéreo europeo con su nube de cenizas y convirtió su nombre imposible en un fenómeno viral. Bajo el hielo laten también otros gigantes: El Grímsvötn, escondido en el glaciar Vatnajökull, cada vez que despierta provoca enormes riadas glaciares que arrastran todo a su paso. Y el legendario Hekla, en cambio, carga con un aura mítica: en la Edad Media lo llamaban la “Puerta del Infierno”, convencidos de que allí iban las almas condenadas.
- Y por fin llegó la erupción amable del 2021: Fagradalsfjall. Tras 6.000 años dormido, su erupción en 2021 encendió un espectáculo de lava.
Dadas las circunstancias del Fagradalsfjall (Fagradalshraun =‘beautiful valley lava’), ¿cómo no ir a verlo si se acaba de despertar?
Si es seguro: nos vamos
Durante las 3 semanas previas a la erupción se produjeron miles de terremotos al día en la zona de Grindavík, pueblo pesquero de 4.000 habitantes por donde habremos pasado decenas de veces. Desde temblores suaves hasta otros más violentos. De esto nos enteramos por las cuentas de RRSS de canales de noticias de Islandia y de algún vulcanólogo que lo había advertido de forma discreta. En fin, lo nuestro con Islandia es un poco obsesivo, lo aceptamos y abrazamos. La cuestión es que un año antes ya había sucedido algo similar también cerca de Grindavík y del Blue Lagoon, sin embargo, la lava permaneció bajo tierra y los terremotos se calmaron. Sin embargo, en esta ocasión el 19 de marzo de 2021, por la tarde, una fisura de 200 metros se abrió en Fagradalsfjall. “¡Tenemos erupción!”. Un mes después, ya teníamos los billetes a Reikiavik.



Tras una semana de cuarentena y a la salida del hospital de Reikiavik desde el parking de algún Bonus (supermercado del gorrinito/cerdito borracho) esperábamos los resultados del último test, nos quedamos sin batería en el coche. Aunque resulte evidente tener el teléfono cargando a la espera del SMS del resultado del test COVID y un frío del carajo, las circunstancias pueden hacer que te quedes sin flujo de neuronas en la cabeza y sin batería en el coche. Con las ganas que teníamos de salir corriendo al volcán, ahora llama a la compañía de alquiler de coches para que te manden a alguien que te lo arranque…DOS MINUTOS fue lo que tardó el taxista que envió Blue Car Rental para ayudarnos. Enchufó el cacharrito, también conocido como “batería de arranque portátil”, y volamos hacia el volcán. De las sensaciones más extrañas que he tenido nunca: soñar con ver un volcán, planearlo y materializarlo.
La erupción se podía ver desde Reikiavik: el cielo estaba rojo, rosa y naranja. El cuerpo y el ánimo era una montaña rusa, conforme nos acercábamos pasabas de ganas de gritar, de llorar,
de pausar el tiempo… Es difícil encapsular algo así.
Preparativos y primeras dificultades
Nos documentamos como nunca: mapas, charlas de vulcanólogos y del sistema de emergencias islandés, alertas oficiales. Las autoridades islandesas hicieron algo que debería ser copiado por todos los países: enviaban alertas por SMS a quienes se encontraban cerca del volcán y actualizaban la información en los portales oficiales como SafeTravel.is o Road.is para mantener al corriente a la población. En general, si querías conocer cómo estaba evolucionando la erupción no tenías más que entrar en internet y desde YouTube podías observar con cámaras en directo lo que iba sucediendo. “¿Qué estará pasando con la gente en la lava?”, la respuesta está en Instagram.
Si hay una regla obvia que seguimos a rajatabla es la del sentido común. Y después de esta regla viene otra: Si te dicen que una carretera está cerrada: no es una sugerencia, es supervivencia. Seguramente si quisiéramos repetir este viaje, tendríamos que reciclar todo pero esta info es atemporal.
Regla nº2: si una carretera está cerrada, no es una sugerencia: es supervivencia.
Sin embargo, desde el momento de la cuarentena no quisimos ver demasiado en RRSS. Tan cerca y tan lejos a la vez. “May I have your attention please!” Entran en acción los pensamientos intrusivos: “¿Y si para la erupción? ¡Qué pardillos! ¡Menos mal que no hemos dicho nada del volcán sobre el viaje!”. No comenzamos a investigar sobre rutas para llegar a la erupción hasta el final de la cuarentena, sin nada que hacer y la ansiedad a full, fue bastante difícil encajar toda la información que recibíamos en tiempo real. El área del volcán cambiaba drásticamente: un día la lava bajaba por una ladera, y al siguiente era inaccesible. La cuestión es que cuando estábamos a punto de dejar el coche en el parking cuqui-pero-improvisado (los islandeses son únicos para este tipo de improvisación bien integrada en el entorno), el 18 de junio, lo único que sabíamos es que había 3 formas de llegar pero no sabíamos qué ruta se correspondía con qué imagen de RRSS.



Vamos con el checklist: la mochila
En las mochilas no podía faltar: chubasquero o capa impermeable, otra capa de ropa para el frío, otra braga para el cuello, comida, termo con café, frutos secos, agua, linterna, cámara de fotos y trípode, botiquín pequeño, prismáticos, batería extra para carga de móvil, guantes, gorro, calcetines extra. Y llevábamos puesto botas de montaña, pantalones + pantalones impermeables, cortavientos, ropa térmica, bastones y tu lopapeysa. Es decir, todo lo que llevarías en una salida en las mismas condiciones meteorológicas. GPS si lo tienes: échalo.
Comprobar además la página web oficial de meteorología de Islandia no es opcional: no solo compruebas la temperatura o nubosidad, el viento, terremotos y el nivel de agua de los ríos son valores a tener en cuenta. https://en.vedur.is/earthquakes-and-volcanism/earthquakes

Ruta 1: larga, fría… y llena de huldufólks
Con los bastones y la mochila, dejamos el coche y echamos a andar. Decidimos que una vez llegásemos a la lava ya elegiríamos la ruta: lo importante era ponernos en marcha lo antes posible. Imagina cómo sería la situación en marzo cuando todo esto comenzó: con nieve, poca luz solar, un volcán rojo y negro en medio de la nada y cientos de personas llegando por donde sea y como sea a verlo. Ya no quedaba nieve pero sí tres senderos y más pensamientos intrusivos: ¿iremos bien por aquí? ¿Nos estamos equivocando? De repente, una avioneta, fantasía máxima porque siempre que vemos una en Islandia pensamos que es Haraldur Diego sobrevolando la zona. Es una buena señal siempre. No recuerdo cuanto caminamos hasta llegar a la lava. Rozaba lo irreal que nadie pusiera límites físicos a algo tan peligroso pero allí estábamos con un calor insoportable por la lava roja, sólida como una corteza negra que se va enfriando y roja por dentro, con el sonido de la lluvia que se evapora al caer sobre algo tan caliente. Tras un buen rato en el extremo más alejado de la lava desde el volcán y después de hablar de lo insignificantes que somos, la suerte que tenemos, y un largo etcétera trascendental, sacamos unas fotos y vídeos y comenzamos con el ascenso para verlo lo más cerca posible (63.8839365, -22.2491373). Lo que vino fue más viento, lluvia y un frío que cortaba la cara. Finalmente nos eligió la ruta C.
No estábamos acostumbrados a tratar con gases en la naturaleza y algo que hemos aprendido de los islandeses, especialmente de la vulcanóloga Helga y Svarnar del Servicio de Emergencia, es que si no hay viento: malo. Recuerda que lo invisible es lo más peligroso, el CO₂ y otros gases se acumulan en zonas bajas. NOTA DIDÁCTICA: Nunca te quedes en un valle sin viento: ahí el aire puede jugar en tu contra y si tienes problemas respiratorios, consulta antes de ir, la mascarilla antigas pueden ser tu gran aliada. Bien lo saben en Puerto Naos (La Palma) tras la erupción del Cumbre Vieja.
Iniciando la marcha hacia la montaña frente al cráter la gente que bajaba iba entre eufórica y emocionada. Sin embargo, quienes subíamos en algún tramo íbamos reventados, con cara de sigue-que-ya-está-aquí-mismo recibíamos algún comentario en forma de ánimo de los que bajaban. Llegamos a ver una señora con muletas subir la montaña, “this is once in a lifetime!”.
A ratos el volcán parecía estar cada vez más lejos. Hasta que en el punto más alto y justo a la altura de nuestros ojos una enorme caldera de color rojo y anaranjado brillante y echaba lava de forma intermitente con chorros más y menos potentes. Hay un dicho islandés sobre el tiempo: “Si no te gusta el tiempo, simplemente espera 5 minutos” o quizás es que el viento y la lluvia de aquel momento nos resbalaba figuradamente hablando. Allí paramos, junto a 10 o 15 personas y nos sentamos a contemplar, hablar, flipar y comer.
La bajada fue simplemente fantástica sobre una nube feliz. Los elfos existen.

Ruta 2: corta, dura y espectacular
Con la experiencia de la primera ruta en la mochila, decidimos que era el momento de probar otra opción: Ruta B. Resumiendo: nuestro objetivo era verlo desde el lado opuesto. El día no podía ser más soleado, sin nubes, rachas de viento suave y temperatura muy agradable. Como si fuéramos lugareños y sin haber revisado RRSS los días previos, hicimos una ruta asombrosamente corta y estúpidamente difícil en el tramo final. Aún no sabemos quién puso aquella cuerda para llegar a la cima: a ratos la usamos como pasamanos, aunque la mayor parte del tiempo soportó todo el peso y vértigo.
A cada paso que dimos en la última explanada nuestras suelas sonaban a pan tostado. CRASS CRASS CRASS. LOS PIROCLASTOS. Cenizas volcánicas y lapilli. Los islandeses podrán recitarte como si fuera el abecedario todo lo relacionado con los volcanes, en mi caso tengo que tirar de internet, de Samuel y de memoria sensorial. Tuvimos la sensación de caernos dentro del volcán, como si el suelo se fuera a abrir y saltar a una piscina de lava. Estábamos tan cerca. Lo gozamos muchísimo. Nos marchamos con la cámara de fotos llena y estrujando las pumitas con las manos.
misión cumplida
Visitar un volcán activo en Islandia es una de esas aventuras que cambian la vida. No es solo un espectáculo natural: es una lección de humildad frente a la tierra. Si planeas hacerlo, recuerda: prepárate bien, escucha a los islandeses, respeta la montaña y lleva contigo esa mezcla de prudencia y asombro, que convierte la experiencia en inolvidable. Tampoco te olvides del agua ni de asar una chistorra en la lava. Si tienes la oportunidad de ver un volcán en erupción, personal y económicamente puedes hacerlo, el entorno es seguro, etcétera, no dudes en hacerlo. A nosotros nos cambió la vida y poco hablamos de ello 🙂
Y tú, ¿quieres que te avisemos la próxima vez que lo veamos así de claro? ¿Te vendrías a ver de cerca un volcán en activo?

Links para profundizar sobre el tema
Vamos a dejar algunos links y recomendaciones por si te apetece hacer una inmersión audiovisual con documentales y series. Advertimos que una vez te pica el bicho islandés o de los volcanes, es difícil superarlo:
En TV:
- Documental RTVE: Volcanes de Islandia (Maravillas inmortales del planeta Tierra).
- Documental internacional: Fire of Love. Vida de vulcanólogos y su pasión científica.
- Serie Netflix: Katla. Grabaron esta serie durante la erupción Fagradalsfjall.
Museos especializados en volcanes en Islandia:
- Lava Centre (Hvolsvöllur): centro interactivo sobre vulcanismo y tectónica.
- Volcano House (Reikiavik): con exhibiciones y proyecciones de erupciones históricas.
Música:
- Björk y Sigur Rós. Sin dudas.
Recursos online:
- Global volcanism program: https://volcano.si.edu/showreport.cfm?doi=10.5479%2Fsi.GVP.BGVN202110-371032&utm_source=chatgpt.com
- Canal YouTube en directo: https://www.youtube.com/live/faH3xrKyP_o?si=y0DZ480INripXHvc
- Mapa interactivo erupciones volcánicas de Islandia: https://icelandicvolcanos.is/index.html
Hasta aquí la misión de hoy. El universo es infinito como los viajes que nos esperan. 🖖
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